¡A las ricas gachas!

Con la llegada del otoño los gazpachos y salmorejos van desapareciendo de nuestras mesas, dando paso a platos de cuchara más invernales, que nos proporcionen calorcito y energía para así afrontar mejor la caída de los termómetros.

Si hace unas semanas hablábamos de otro plato apetecible donde los haya para el invierno y económico, las migas castellanas esta semana os traemos un primo hermano de este plato, las gachas.

Si hay un plato que se ha ganado el primer puesto de “matahambres” por excelencia, ese son las gachas. Ya en época de postguerra, este plato fue el encargado de alimentar muchas bocas y siempre ha estado relacionado con el campo, alimento de pastores y trabajadores de la tierra que llenaban sus estómagos con unas gachas bien calientes para poder soportar las duras condiciones tanto de frío como de algo aún peor, el hambre. Esto se debe a su aporte energético pero ante todo a la economía de su elaboración, ya que la base principal de este plato es la harina de almortas, materia primera barata donde de las haya y basando parte de su receta a la cocina de aprovechamiento, hacen de este plato que se aproveche hasta el último pellizco de la despensa. Viva el reciclaje culinario.

¡Vamos al grano! Su receta es sencilla, pero su ingrediente principal es la paciencia. Sin un buen saco de esto, no tendrás unas buenas gachas.

Lo primero que hay que hacer es poner a freír el acompañamiento para que suelten toda la grasa. Es el momento de dar la bienvenida a pancetas, chorizos, morcillas, etc. van a ser los encargados de dotar de sabor al plato. A continuación se sofríen los ajos y cuando estén listos se les echa pimentón. Ahora es el momento de añadir la harina de almortas, una cucharada por comensal, cuando ésta coja color tostado se le añade un litro de agua y sal al gusto. Se tiene que dejar en reposo a fuego medio hasta que espese, removiendo de vez en cuando para disolver los grumos de harina si los hubiera. Después se deja reposar para que salga la grasa y una vez que la grasa rojiza del fondo comience a emerger, las gachas estarán listas. Debe quedar como una bechamel ligera. Las gachas se acompañaran con los trozos de chorizo, panceta, morcilla, etc que se ha dejado apartado al principio de la elaboración. También se pueden acompañar con setas, patatas, etc

Ahora se viene el momento cumbre, comerlas. Se produce todo un ritual en torno a su degustación, se deben comer directas desde la sartén en las que se han cocinado y lo más importante, siempre en compañía. Unas gachas no son gachas si no se comparten.

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